jueves, 9 de noviembre de 2017

Los personajes no existen, son los padres


Una de las partes que más quebraderos de cabeza nos da a la hora de escribir es la creación de los personajes. Encontrarás un montón de artículos que hablan sobre cómo crear personajes estupendos y maravillosos que atrapen al lector; un montón de trucos para definir sus características como, por ejemplo, crear fichas; y muchas cosas más. Pero, aunque todos esos consejos puedan echarte una mano, siento decirte que ninguno dará con el meollo de la cuestión, y es por algo que a muchos se les olvida y que es tan simple como esto: los personajes no existen, son los padres.


No huyas, cobarde, jejeje. Vuelve, que ahora me explico.

Cuando escribo lo hago porque tengo algo que contar. No es sólo que me invente una historia, sino que lo hago porque en ella, entre líneas, puedes ver aquello de lo que de verdad estoy hablando. La trama cuenta algo, y si te quedas en la superficie pasarás un buen rato. Pero si eres capaz de bucear en el charco verás que en el fondo hay algo más.

A veces estamos tan pendientes de contar todo eso que tenemos que decir que nos olvidamos de los instrumentos a través de los cuales lo contamos, que no son otros que los personajes. Los ponemos ahí, como si cayeran del cielo en medio de un momento y un lugar, y los hacemos andar hacia delante, obligándolos a que abran la boca para que digan lo que nosotros queremos decir. Y eso es un gran error del que algunos tardan varias novelas en darse cuenta, si es que llegan a esa conclusión.

Los personajes tenían una vida antes de que nuestra historia empezase. Son de una manera y no de otra porque han vivido cosas, quizá no todas aparezcan en el libro, pero son parte de ellos y deben reflejarse en su personalidad.

Los personajes no son marionetas en una función para niños, los personajes deben ser y son personas. En ellos debes poder ver a alguien de verdad, tienes que creerte que existen, deben recordarte a alguien conocido. Y sólo cuando veamos en ellos algo que nos resulte familiar es cuando habrán cumplido su función.

No me digas que no has sonreído con ese personaje que limpia su casa de manera compulsiva cuando está nervioso, con la chica que aprieta los labios para comprobar que está bien maquillada o con el oficinista que rompe un lápiz cuando su jefe le saca de quicio. Hay comportamientos muy repetitivos en un montón de personas que podemos trasladar a los personajes, aunque con eso no digo que usemos todos esos clichés tan manidos, porque seguro que conoces características peculiares de alguien que puedes usar en tus textos.

Pero, ojo, aviso a navegantes: con lo anterior no quiero decir que un personaje tenga que ser el calco de alguien que conozcas en la vida real. Yo nunca hago eso. En mis personajes hay mezclas diversas de mucha gente con la que me he topado y nunca podrás identificar a nadie con alguien en concreto porque mis personajes son, por decirlo de alguna manera, mi particular Frankestein.

En resumen, el término "personajes" deberíamos desecharlo para convertirlos en personas. Porque sólo cuando la historia y todo lo que la rodea resulta creíble es cuando podemos disfrutarla y sumergirnos en ella. He aquí, querido escritor y querido lector, otra de las diferencias entre un libro correcto y un libro inolvidable.


¿Qué es lo que más te gusta de los personajes sobre los que has leído? ¿Te has encontrado a muchos que parecían demasiado acartonados o que no te han convencido? Me gustaría que me hablases de ello en los comentarios.

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10 comentarios:

  1. Yo suelo tener una manía lectora un tanto ridícula, y es meterme en la piel de alguno de los personajes y, según leo, interpretarlo mentalmente como si fuese una obra de teatro. Así que para mí es un chasco cuando encuentro personajes sin profundidad. Besotes!!!

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    1. ¡Qué interesante! Yo no interpreto, pero sí es cierto que tengo mucha empatía y, si los personajes sufren, yo sufro mucho. Así que para mí lo peor es no sentir nada. Biquiños!

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  2. Yo siempre digo que los personajes tienen vida propia... A veces hacen lo que les da la real gana :D

    ¡Buen artículo! Besotes.

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    1. Es cierto, en la novela que estoy escribiendo ahora se han salido de la escaleta, mamones xd! Biquiños!

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  3. Sí, sí me he encontrado con personajes que no me convencen. Llegan a parecer títeres, sin historial. El autor hace uso de los estereotipos para que el lector trabaje su imaginación y se haga una idea general de cómo es el personaje en su intimidad. Así se evita tener que describirlos tanto y explicar las motivaciones que los mueven.

    Saludos salados.

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    1. Mira lo que te digo, prefiero un personaje plano a un estereotipo, a no ser que su uso esté muy, muy bien justificado. Es que no puedo con ellos. Biquiños!

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  4. Este, como empiezas diciendo, creo que es el gran talón de Aquiles de muchos cuando nos ponemos a escribir, un servidor el primero.

    Suelo tirar de fichas a veces, sobre todo cuando ya convergen varios en una misma historia, pero es verdad que siempre me quedo con una impresión parecida a la que comentas: son, como creo que la escritura en general, puzzles que vamos formando con las piezas que nos inspiran.

    Personajes especialmente cautivadores, creo que el Holden de Salinger, por toda la complejidad, es el primero que me viene.

    Un biquiño! :)

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    1. Sí, es un talón de Aquiles, como muy bien dices, y bastante potente. Por cierto, queridiño, ¿qué tal todo? Tienes que ponerme al día, contarme cómo te va y si vas a retomar el blog, porque anda que no se te echa de menos semana a semana, es como si me faltase algo. Avísame por Twitter :) Biquiños!

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  5. Sí que me he encontrado con personajes que no me dicen nada, que no me convencen. Y cuando eso pasa, cuesta más meterte en la historia, disfrutarla. A mí me gusta sentir que conozco a los personajes, que son reales, que son cercanos. Así sí te metes de lleno en la historia, ahí si te implicas y empiezas a buscar cualquier ratito libre para reencontrarte con esos personajes a los que empiezas a echar de menos.
    Besotes!!!

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    1. Pues sí, no puedo estar más de acuerdo contigo. Cuando los personajes parecen amigos nuestros y queremos saber más sobre su vida, quedar con ellos, ponernos al día, ahí es cuando empieza el verdadero interés por la historia. Biquiños!

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